Deja vú

blue2

Poseo algunos objetos que tienen un especial poder, un poder casi mágico, objetos que cuando los toco me hacen sentir cerca a las personas que han tenido algo que ver con ellos, como si en ese momento estuvieran a mi lado.

Hace un rato, deshaciendo la maleta (como os decía en la anterior entrada, acabo de venir de Madrid) mis manos se han detenido sobre una prenda muy especial y en ese mismo instante he sentido un fuerte deja vu que me ha hecho recordar con toda intensidad algo que me ocurrió en Madrid, algo que quiero compartir con vosotros.

Las indicaciones que había recibido por mail eran precisas. A las 23.45 un coche me recogió en la puerta de mi hotel. A las 12.00 me encontraba en el salón de baile del hotel P……, que había sido reservado en exclusiva para nuestro encuentro.

Mi acompañante había llegado antes que yo. Impecablemente vestido con smoking, camisa de un blanco fulgurante y una elegante sortija en el dedo anular de su mano izquierda, se levantó de la silla que ocupaba, me tomó de la mano y me condujo hacia el centro de la sala, para después regresar a su asiento.

‘Desnúdate’ me dijo con un tono de voz sugerente e insinuante. Lentamente me desabotoné la blusa y lentamente la hice deslizar desde mis hombros, por mis brazos, hasta que cayó al suelo suavemente.  Mis manos deslizaron la cremallera de mi falda con la misma lentitud.

‘Date la vuelta’ susurró con esa voz tan seductora que me hizo sentir un escalofrío de dulce excitación. De espaldas a él dejé que la falda se deslizase hasta el suelo. Lentamente volví a girar sobre mi misma para quedar expuesta ante su mirada cubierta tan solo por un sostén de transparente blonda negra y unas breves braguitas negras que revelaban sutilmente mi sexo depilado.

‘No te muevas’ dijo acercándose a mi. Rodeó mi torso con sus brazos,  con hábiles manos desabrochó el cierre del sostén y asiendo sutilmente los tirantes dejó al descubierto mis pechos, para besar suavemente mis rosados pezones que reaccionaron con insolente excitación a la caricia de su lengua.

Lentamente se colocó a mi espalda, apoyando su cuerpo contra el mio, de tal forma que pude sentir con toda intensidad la excitación que albergaba su entrepierna. Suavemente deslizó sus manos por mis caderas, introdujo sus dedos en los elásticos de mis braguitas y lentamente las deslizó hacia abajo, hasta que cayeron al suelo. Su mano derecha se deslizó entre mis piernas y suavemente apresó entre sus dedos mi clítoris que se estremeció con  la excitación que aquel contacto me producia.

Se separó de mi un par de pasos, me tomó de la mano y como en un paso de baile me hizo girar sobre mi misma, contemplando mi cuerpo desnudo que giraba suavemente sobre las puntas de mis zapatos de tacón.

He de reconocer que estaba muy excitada y que mi excitación aumentó cuando me dijo, ‘Vamos a bailar, pero cúbrete con esto’. Y me tendió una gasa de suave transparencia azul celeste ribeteada de un azul un poco más intenso.

Improvisé un vaporoso vestido que sin embargo permitía intuir la rotunda redondez de mi trasero, la pujanza de mis pechos y la cálida excitación de mi pubis. Cuando estuve cubierta con aquella gasa la puerta del salón se abrió y varios músicos provistos de violines y violonchelos entraron en la estancia.

Cuando estuvieron dispuestos, a una señal de mi partenaire  comenzaron a tocar un vals. Mi acompañante me tomó por la cintura con su brazo derecho y con el izquierdo tomó mi brazo derecho, haciéndome girar al ritmo de la música, un vals suave  cuya cadencia aumentaba poco a poco.

El suave tacto de la gasa, el contacto con el cuerpo de mi pareja de baile, los giros cada vez más rápidos generaron en mí un estado de enorme excitación. De repente, la música cesó. Los músicos habían dejado a un lado sus instrumentos durante un momento para tapar sus ojos con sendos pañuelos negros.

Cuando tuvieron los ojos tapados, la música volvió a sonar. En esta ocasión un tango sensual y vibrante. Mi acompañante, al igual que habían hecho los músicos, tapó sus ojos con otro pañuelo igualmente negro.

Poco a poco se aproximó a mí, deshizo los lazos que sostenían mi improvisado vestido haciendo que cayera al suelo blandamente.  Arrodillado ante mí acercó sus labios a mi pubis, besandolo  suavemente, avanzando con su lengua hasta mi clítoris hasta que se deslizó dentro de mí.

Mi excitación era indescriptible. Los músicos tocaban aquel tango insinuante con los ojos tapados mientras mi pareja lamía mi sexo con los ojos igualmente tapados. Sentí un estremecimiento que me hizo asir la cabeza de mi pareja con fuerza, empujando su rostro contra mi sexo.  El tango había alcanzado un ritmo frenético, tan fuerte como mi excitación y cada vez aumentaba su cadencia, al igual que los rítmicos movimientos de la lengua de mi pareja, tan rítmicos y precisos que, sin poderlo evitar, provocaron en mi ser un estremecimiento de placer que culminó con los últimos compases del tango, en una explosión de húmedo placer que turbó todos mis sentidos….

Ahora, al deshacer la maleta, mis manos han notado el suave tacto de la gasa azul de aquel encuentro y un leve estremecimiento ha recorrido mi espalda recordando el placer que aquella velada me proporcionó.

Anuncios

Zaragoza, mon amour

Madrid es una ciudad muy bella, sin duda, pero Zaragoza tiene un encanto especial…. Apenas hace unas horas el tren me ha traído de nuevo a esta bella Ciudad. La tarde caía, el sol apenas era perceptible tras los edificios y un leve atisbo de niebla indicaba que estaba a punto de empezar una de esas hermosas tardes otoñales que invitan a una aventura de seda y tacón de aguja.

Madrid, Madrid, Madrid.

madrid

 

Hola amores:

Durante unos días estare por la capital para ofreceros la experiencia de los secretos de Maria.

Sois muchos los que me habeis animado y espero estar a la altura de vuestras expectativas.

No perdais mas tiempo y reservad vuestra cita. Os espero. Recordar que el mejor sueño se encuentra detras de una simple llamada.

A la vuelta contare a todos mi experiencia madrileña.

Besitos a todos.

Maria.